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10 abr. 2013

DIA 6: LA INAUGURACIÓN

Disculparme si resulto pesada o si parezco despistada pero escribo estas líneas por la noche y después de habernos soplado 3 botellas de vino de rioja (nuestros mini-patrocinadores) entre 4 personas.
El día comenzaba para nosotros temprano en el museo dando los últimos retoques a todo. Partimos del hotel con nuestra intérprete Emilia, una chica china que adoptó ese nombre como homenaje a un personaje de Delibes, que imprudencia. Quedamos con el subdirector del museo Elvis Gu, para dar los últimos retoques a la inauguración que resultaron ser muchos.

Dando los últimos retoques
Quedaba pendiente: la alineación de las cartelas, la impresión en formato cartela del premio obtenido por uno de los cuadros, las mesas para catálogos, los medios asistentes a la rueda de prensa, el catering, el orden de los discursos y la disposición de las mesas. Como veis de últimos retoques nada de nada.
Rodeados de chinos con aire displicente decidimos empezar a dar órdenes a diestro y siniestro, (no entienden otra cosa). Una vez conseguimos que Elvis nos imprimiera las 2 cartelas que faltaban, yo me las ingenié para volver a adentrarme en el reino del bedel (el sótano) rechazando unas tijeras. Yo quería el cutter y la regla que solo el bedel me proporcionaba. Así descubrimos que en ese reino subterráneo lleno de herramientas del siglo XIX (a pesar de que el edificio es modernillo) no solo habita el bedel, sino toda su familia que a su vez ejercen diferentes roles en el museo. En fin, una vez hechas las cartelas lo demás fue coser y cantar.
Pues bien, no voy a aburriros con los pormenores y pasaré a la acción. A las 13.30h llegó el cámara que teníamos contratado. Muy profesional, me situó frente a uno de los cuadros y me rodeó de discos de papel de plata para controlar la iluminación sobre mi cara, como explicarle a ese chino que los años no perdonan. Parecía tarea imposible, así que me dejé llevar y que hiciera su trabajo.
A las 14.30h estaba prevista la rueda de prensa. Los medios fueron llegando a cuentagotas y empezamos a las 15.00h. Susana y Pelle dieron sus respectivos discursos en inglés (traducidos por Emilia al chino) y luego me tocó a mí, que me tomé la libertad de darlo en español ya que habría que traducirlo igualmente y nadie hablaba ni papa de inglés.
Ante la cara de aburrimiento de los periodistas chinos decidí llevarlos de tour turístico por la exposición, lo cual no solo los despertó sino que resultó ser un éxito. Me acribillaron a preguntas. Tal es así que cuando llegamos a la planta baja Elvis Gu dijo que ya estaba bien y que debía comenzar la ceremonia.
De nuevo más discursos, el director del museo dedicó unas palabras muy amables sobre mi obra y se dio el pistoletazo de salida para los canapés. Tal cual lo digo, ni una plaga de langosta es tan eficaz. En 5 minutos más de cien chinos se abalanzaron sobre el catering de tortilla de patata, pimientos del piquillo y demás viandas hispánicas hasta que solo quedaron los rabos. El cocinero me guardó una muestra para que pudiera comer algo, que está feo que el que lo paga no coma.
El resto del tiempo fue un ir y venir de felicitaciones, preguntas e intercambios de tarjetas, con un punto estrella del rock ya que todo dios quería hacerse una foto conmigo delante de algún cuadro.
Como en las bodas, se coló algún espontáneo. De hecho un señor con pinta rara me escribió una carta de tres folios (en chino, claro) que la intérprete se ocupó en traducirme. Hoy no me queda rencor para explicar el contenido, pero ya puedo decir que tengo fans de frenopático chino.
Después del intenso día quisimos invitar a Susana a tomar algo y ella nos propuso ir a su casa para conocer a su marido. La ocasión la pintaban calva ya que nos habían regalado unas botellas de rioja y en el aeropuerto hoy por hoy estas cosas son un marrón.
Total, hemos acabado el día celebrando con vino español, lo que sea después se verá.