Para más diversión hoy es festivo en China.
Sin embargo, como aquí el domingo no es día de fiesta per se, en el
museo pactaron con los trabajadores que se tomaran ayer como día libre
en lugar de hoy, para poder dejar secar la pintura. La buena noticia es que el vinilo de la entrada que se ve desde el exterior ya está colocado.
Vinilo exterior y hueco central que conecta las salas |
El montaje ha supuesto una gran aventura.
Como ya comenté en el resumen del día 2, la
sala de abajo tiene 6 metros de alto y con esa proporción los cuadros
parecen enanos. Más aun cuando los ves en el suelo apoyados en la pared.
Tras muchas deliberaciones hemos llegado a un consenso colocando 10
cuadros abajo (lo más grandes) y 12 arriba, pero más pequeños.
La cosa ha sido graciosa cuando los nueve
chinos que ocupaban el museo (1 bedel, 2 de seguridad, 5 de montaje y
una china que los acompañaba), nos miraban y opinaban con cara de
desaprobación alguna de nuestras decisiones. Eso sí, cuando les
preguntábamos que les parecía nos recordaban que ellos no estaban allí
para dar su opinión.
En fin, como la planta de arriba era más
sencilla hemos decidido empezar por allí. La serie de cuadros en
aluminio plata ocuparía el lado más largo de la sala con los de la serie
Windows agrupados dos a dos. En el otro lado, los pequeños más los de
madera. En litigio estaban dos cuadros medianos que en un principio se
plantearon para la sala de arriba y que finalmente han acabado abajo.
Es decir, que ante la atenta mirada de 9
chinos, tres españoles han estado subiendo y bajando cuadros por una
escalera de caracol durante un periodo de aproximadamente tres horas.
Quedaba aun el tema espinoso del cuadro
dañado. Ya comenté el otro día que dos de las cajas llegaron con daños.
Parece que han depurado responsabilidades y todo apunta a la Thai, cuyos
empleados debieron estar bailando un zapateado por encima de una de las
cajas que estaba llena de agujeros con forma de zapato. El caso es que
al final uno de esos “zapatos”, ha doblado la tabla en un punto del
extremo inferior a la altura del centro, dejando un bollo considerable.
El cuadro está dañado, pero para la exposición pensamos que podría
aplanarse el bollo para que pareciera menor. Uno de los montadores nos
sugirió la posibilidad de usar una prensa que tenían en el museo a lo
cual accedimos.
El caso es que por un lado los de montaje de
hoy no querían hacerse responsables de ulteriores daños resultado del
planchazo con la prensa. Por otro, la prensa en sí consistía en una
mordaza del siglo XIX, atornillada al banco de trabajo que el bedel
tiene en el sótano junto a la sala de calderas.
Una vez colgados todos los cuadros hemos
propuesto a los montadores el desmontaje del dañado (a la sazón el más
grande 2x1,5m), para que entre varios lo bajaran por las angostas
escaleras hasta los dominios del bedel, lo pasaran por la puerta (de
1,90m de alto) y lo elevaran de nuevo para situarlo bajo las fauces de
la mordaza donde el bedel armado con dos piezas de madera y dos
cartoncillos esperaría nuestro visto bueno para apretar el torno. Para
bajarlo en condiciones más seguras sugerimos que lo envolvieran en el
plástico de burbujas.
El proceso de apretado se repitió dos veces.
El último apretón se dio con otra mordaza manual más pequeña en pleno
clima de nervios con dos chinos diciendo que ya estaba, que era
suficiente, nosotros con cara de mus, el bedel entusiasmado con su labor
de apretador oficial y la china que bajó la escalera arrastrando un
plástico de burbujas. Al final el planchazo ha surtido su efecto porque
se nota menos. Todos tan contentos. Ya sabéis lo que me gustan estas
aventurillas para luego tener una anécdota que contar.
Dejamos la sala hasta mañana a falta de la
colocación de las luces y las cartelas. La hora de comer de los chinos
es sagrada, a las 12.00h se les caen las herramientas y cogen los
palillos. Mañana más.