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23 nov. 2014

ARTRISTRA EN MIAMI_DIA 5

Siento el retraso a la hora de escribir, pero si NY nos tenía ocupados, Miami más. Ya estamos en Miami con mucho trabajo por delante. No hace bueno en absoluto y en los interiores te pelas de frío. La cosa funciona así: el aire acondicionado esta siempre conectado en función congelar. La temperatura exterior es irrelevante.
Tal como nos han comentado, aquí la gente se viste para ir a los sitios, es decir para congelarse bajo un chorro de aire. Lo que ocurre es que si fuera se está a más de 30 grados, la congelación se tolera.
La proximidad de Art Bassel se respira en el aire. Hay mucho movimiento y parece que toda la ciudad se involucra en la feria. Al mismo tiempo y para rizar el rizo, la feria del libro ya está en marcha.
Tenemos programadas varias visitas a galerías situadas en diversos lugares de la ciudad y aquí las distancias no son las de Nueva York. Además el transporte público ni está ni se lo espera. Por esa razón decidimos realizar nuestras travesías a golpe de taxi costara lo que costara.

Wynwood con tiempo regulero

Cogemos un taxi hasta la zona de Wynwood, una zona de antiguos galpones otrora dedicados a la industria textil, reconvertidos en locales de diseño y en su mayoría galerías. Se trataba de una zona industrial un poco degradada que al se colonizada por la comunidad artística de Miami, ha incrementado su precio sin perder esa esencia grafitera de naves que rezuman color. Durante el día hay mucha vida y actividad, a pesar del tiempo lluvioso que nos ha tocado.
Tras la primera entrevista nos encontramos con la realidad del mundo taxi en Miami y aquí comienza la aventura llama del día. No hay apenas taxis y los que hay solo van al centro y al aeropuerto. Decidimos andar hasta una zona más transitada y tras una larga espera, por fin un taxi accede, porque esa es otra, si tienes la suerte de pillar uno igual no quiere llevarte. 
En consecuencia, llegamos tarde a la siguiente cita, a pesar de lo cual el dueño de la galería nos recibe con gran amabilidad.
Tras una larga conversación muy amena, el galería ta nos ofrece llamar a un taxi y nos explica que es mejor alquilar un coche. Llama al taxi y desde el teléfono le aseguran que en 5 o 10 minutos llegará uno. Media hora después vuelve a llamar y le dicen que se demorará un poco más. Tres cuartos de hora después la señora de la galería se marcha y el galerista llama de nuevo. 
Le explican que es que ninguno ha pasado por la zona y que solo van si alguno pasa cerca y esta libre, con lo que no pueden garantizar que llegue ninguno. 
En un alarde de infinita generosidad y amabilidad el galería ta nos deja en el hotel con su coche tras jurarle a él y a nosotros mismos que mañana alquilaríamos uno.